Una canción para decir adiós IV

IV. A Song To Say Goodbye

You are one of god’s mistakes.
You crying, tragic waste of skin.
I’m well aware of how it aches.
And you still won’t let me in.

Placebo – A Song To Say Goodbye

 

 

Has sacrificado las horas en el altar, una a una. El horizonte se extiende hasta el infinito, como un sueño que, evidentemente, solo puedes permitirte soñar. Avanzas. Miras al suelo, piensas en sensaciones, tratas de rememorar impulsos tan efímeros como un disparo de sal. Hey, amigo, qué buena pinta tiene esa zanahoria, ¿verdad que sí? Si estiras un poco la mano podrás alcanzarla. ¿Quién sabe? Tal vez en cuarenta años pueda ser tuya. Imagínalo. El paraíso: tú, con todo por hacer y una mochila de setenta primaveras. No te preocupes por el vigor, hombre. La juventud es un estado mental. Cualquiera puede ser joven para siempre.

Aparto las moscas que me rondan. Miro el reloj. Queda trabajo, pero ya está bien de oficina, vuelvo a casa. El Conde de Montecristo sin abrir. Si me organizo, todavía puedo adelantar trabajo mientras ceno.

Salgo del espacio de coworking. Camino mientras escucho por mis auriculares la versión en audiolibro de Life is great, el último best-seller del famosísimo Coach que tuvo que venir a motivarme. Convierte tu pasión en el motor de tu vida. Apenas sé qué me cuenta. Lo intento, de verdad. Tengo claro que este tipo es un crack, y que sus estrategias vitales son estupendas, todos sus proyectos tienen éxito. Se trata de uno de los libros recomendados por la Policía del Karma esta semana. No puede ser malo. Aprieto los párpados, me esfuerzo. Venga, esto es bueno para tu proyecto vital. No me jodas. Céntrate.

Pero es imposible… ¿Por qué no consigue calarme?

De pronto me entra el pánico. ¿Y si tengo el Síndrome del Impostor? ¿Me lo verán en la cara? Joder, si alguien se da cuenta puede denunciarme. Me sacarán del sistema. Venga, venga. Muestra tu mejor sonrisa. Escucha lo que dice el gurú: vida, pasión, motivación, energía. Persigue tus sueños.

En la calle todos me miran. Venga, venga. Tú a lo tuyo. No eres un impostor. Formas parte del círculo. Adoras tu vida. ¡Céntrate!

Me quito los auriculares, no lo soporto más. Entonces lo oigo.

– Baby, did you forget to take your meds?

Esbozo una sonrisa. La mejor que he podido ensayar. Ha sido un mero murmullo. No debería haberlo escuchado. La canción ha brotado entre las tinieblas, silvestre, sin dueño. Pero es una canción prohibida. Placebo y su Meds están en la lista de los punibles. La Policía cree que sus letras inducen al fracaso, plantan la semilla del anti-éxito en los cerebros de los más débiles. Les infecta. Se vuelven improductivos. A mí me encanta esa canción. Pero… ¿cómo lo sabe?

Me detengo en seco, todavía con la mueca forzada en mis labios. Busco la fuente de la canción. Una mujer de pelo cano, blanco como el hielo denso. Es la única que no me mira. Tiene la vista clavada al frente, aunque sé que está pendiente de mí, lo presiento.

– ¿Por qué ha cantado eso?

Me ignora. Todos los transeúntes me observan al pasar. Todos menos ella. “Vaya pintas”, pienso. Abrigo roído, jersey de lana y gorro deshilachado. Una Outsider. Enseguida advierto que está fuera del sistema. No es una Doer. No genera felicidad.

– ¿Qué quieres de mí? – La tuteo y me muestro agresivo. Quiero que queden claras nuestras diferencias sociales.

Pero la mujer sigue sin mirarme. Decido dejarla por imposible. Doy media vuelta y me marcho.

– Adiós. – Digo sin girarme, levantado la mano por encima de mi hombro. – Que tenga suerte.

Cuando me he alejado unos treinta pasos la oigo cantar de nuevo:

– A song to say goodbye. It’s a song to say goodbye.

Placebo, de nuevo. Por un instante pienso en unirme a su canto. La tontería se me pasa rápido. Un coche de la Policía del Karma llega para detenerla. Alguien ha dado el aviso. Entonces aprieto el paso para largarme de allí cuanto antes. Yo no sé nada. Nada, en absoluto.

Por favor, no le hables a nadie sobre mí, ni sobre esto que lees. Te seguiré contando mi historia, pero debes actuar con discreción. Prometo contarte el motivo de mi desaparición.

Mientras, tararea, si quieres, pero donde nadie pueda escucharte.

 

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