Mis errores como escritor

«Me gustan mis errores, no quiero renunciar a la libertad deliciosa de equivocarme»

Charles Chaplin

 

Escribir es un arte de ensayo y error, así que equivocarse es una parte indisociable del hecho de crear una historia y plasmarla en formato legible. ¿Conoces lo de “nos caemos para aprender a levantarnos”? A eso es exactamente a lo que me refiero.

Desde luego, no es alentador venir con esta cantinela. A nadie le gusta escuchar que va a tropezarse una y otra vez hasta dar con la manera correcta de caminar.  Son más bonitos los cantos de sirena que dicen que escribir está chupado si sigues un cierto número de reglas.

Siento no poder ofrecerte algo así. Ya sabes que en este blog todo lo que cuento nace de mi experiencia personal como escritor. Es esta experiencia el valor que te ofrezco. Puedo darte consejos, recursos y recomendaciones porque son herramientas que yo ya he aplicado en mi carrera, y me han funcionado.

También puedo contarte los errores que he cometido a lo largo de mi formación como escritor para que te sirvan de ejemplo negativo.

Supongo que gran parte de ellos son errores típicos de novato compartidos por todas aquellas personas que comienzan a crear, aunque otros tal vez se debieran a mi actitud a la hora de enfrentarme al oficio.

En cualquier caso, quiero compartirlos contigo. Si estás empezando a escribir o si ya llevas tiempo en esto, te puede venir bien saber cómo metió la pata alguien que ahora vive de escribir.

 

 

Nadie me dijo que fuera fácil, así que no pregunté.


Ese fue mi primer error: creer que para escribir novelas no era necesaria más formación que saber juntas letras en un papel.

No pedí ayuda de ningún tipo. Así aprendí a cabezazos, y no sin frustración, las nociones básicas para estructurar y desarrollar un escrito de mediana calidad.

En el primer borrador de mi primera novela abundaban los adjetivos, las metáforas y algunas cuestiones ortográficas perdonables en cualquier otro texto menos en una obra literaria.

Fui un idiota al creer que los cursos de escritura suponían perder el tiempo.

En cuanto tuve la oportunidad de participar en una acción formativa sobre la escritura me di cuenta de lo cabezota que había sido. Al contrario de lo que yo creía, nadie me dio los diez mandamientos de la escritura, tan sólo directrices que me ayudaron a estructurar, enfocar y mejorar mis escritos.

Como todo, a escribir se aprende. Leer mucho es la base de cualquier escritor y luego la práctica. Después viene la formación constante. Nunca dejes de formarte.

Y eso vale para todo, hagas lo que hagas. Yo te hablo de escribir, pero se puede aplicar a cualquier disciplina.

Jamás pienses que ya lo sabes todo acerca de algo. Así únicamente lograrás estancarte.

 

 

El precio de la impaciencia


Otro de mis errores más remarcables fue la impaciencia y la frustración ante el rechazo.

Cuando terminé mi primera novela tenía 21 primaveras únicamente. Creía que lo que había escrito era bastante aceptable (todavía hoy lo creo), así que lo envié a muchísimas editoriales ilusionado con su posible respuesta.

Nadie respondía, y yo me subía por las paredes.

A los meses empezaron a llegar contestaciones del tipo: “nos gusta la obra, pero es usted demasiado joven”, “no casa con nuestra línea editorial en este momento” o directamente “no es publicable”.

Y eso cuando había respuesta…

Me afectaron muchísimo estas negativas. Hoy todos sabemos que esas respuestas son la norma general y que achicarse ante el rechazo es absurdo. Pero yo por aquel entonces tomé estas respuestas como una señal de que no valía para ser escritor y que debía olvidarme de crear novelas.

Por suerte, el bajón duró lo justo y necesario. Así que seguí escribiendo. Si no es esta, será otra, pensé.

Al poco me llegó un correo de una editorial afincada en Madrid que estaba interesada en publicar mi novela. Su lema rezaba algo así como: “la editorial de las jóvenes promesas”.

Me lancé de cabeza. El error más garrafal y del único que me arrepiento en toda mi trayectoria como escritor.

Firmé un contrato sin apenas leerlo. ¿Para qué? ¡Ya soy escritor! Y, claro, vinieron las penas.

La editorial apenas movió un dedo por la novela. Un par de presentaciones y listo. Distribución cero. Y el precio de la obra desorbitado.

Por la impaciencia de ver mi obra publicada la condené.

Con este contrato ya firmado me llegaron ofertas de otras editoriales mucho más interesantes a las que ya no podía ceder mis derechos, pues estaban comprometidos durante 5 años.

Si tienes algo escrito y quieres enviarlo a editoriales no caigas en este error. Ten en cuenta estos puntos:

♦ Lee bien el contrato. Si es necesario pide ayuda a un asesor, abogado, etc.

♦ No desesperes. Las editoriales tardan un mínimo de 6 meses en contestar, y eso si contestan.

♦ El rechazo no quiere decir que no valgas para esto. ¿Sabes que Stephen King y J.K. Rowling fueron rechazados cientos de veces? Tú sigue intentándolo.

 

 

  Los errores me han traído hasta aquí


Como decía al principio, equivocarse es necesario para aprender a continuar. Si eliges este camino vas a tropezarte muchas veces. ¿Y qué?

No tengas miedo al fracaso. Vale con que ganes una vez, así que puedes permitirte perder muchas veces.

A día de hoy, cuando veo una de mis novelas en el estante de alguna librería o gran almacén, cuando estoy firmando en alguna feria o en algún FNAC, siempre pienso que es gracias a los errores por lo que ahora estoy aquí.

Los aciertos han sido dulces, sí. Pero son victorias conseguidas tras aprender de mis fracasos. Echando la vista atrás no renunciaría a ellos.

Así que ya ves, errar no es un problema, es parte del proceso.

 

 

 Espero que mi experiencia te sea útil y te sirva en tu carrera literaria.

Todo esto, además de la información sobre cómo publicar una novela y qué método de edición elegir, se explica de forma más amplia en Escribiendo tu Universo.

¡Adelante! Sigue, no pares. Escribe, escribe, escribe. No tengas miedo al fracaso, él no te tiene miedo a ti.

¡Nos vemos entre libros!

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