El hielo, el fuego y su canción.

 

“-Dormir está muy bien. Y los libros, aún mejor.” -Tyrion Lannister

 

 

Recuerdo tener 16 años, una melena larga de un tono rosáceo muy feo (el tinte era rojo chillón, pero tras unos cuantos lavados se le fue el chillido) y ni un solo pelo en el mentón.

Iba paseando por la FNAC, con un libro de cine bajo un brazo y un cómic manga bajo el otro (Hellsing, una delicia vampírica de la que igual hablo un día).

Buscaba por todas partes un libro que se titulaba Tormenta de Espadas, y que componía el tercer episodio de una saga llamada Canción de Hielo y Fuego.

Me hace mucha gracia rememorar cómo me enganché a estos libros. Fue en una escuela de verano en la que yo era monitor, un crío cuidando de más críos. Otro monitor que estudiaba Historia me dijo que me leyera los libros de Canción de Hielo y Fuego.

Yo me reí:

– Pufff…. Con ese título, yo qué sé. – Le dije. – Me suena a libros de esos tipo: El hechicero de la torre, El guardián de la puerta secreta. O cosas así.

El otro monitor esbozó una sonrisa comprensiva, pero aclaró.

– Qué va, tío. Para nada. Esto no es fantasía plana. Está basada en hechos históricos, La Guerra de las dos Rosas y en la reina Isabel de Inglaterra.

Yo no tenía ni idea de lo que era eso de las dos rosas, y de la reina Isabel apenas conocía nada. Tenía 15 años, mi única preocupación era darle caña a mi grupo de rockandroll para que al morir a los 27 (tengo 28 y de momento todo bien) mis discos se vendieran como churros.

Con todo, lo de la base histórica me gustó. Y como era muy fan de El Señor de los Anillos, tanto de las pelis como de los libros, pues decidí darle una oportunidad.

Me bajé el primero en PDF. Juego de Tronos: Dios, que nombre más feo para un libro de fantasía épica. La portada no era mucho mejor. Salía un perro blanco muy mal dibujado (no es la actual de Gigamesh, que sí está muy chula).

Empecé a leer.

Oh, mira qué bien. Un sitio que se llama Invernalia, me encanta el invierno. ¡Anda! Unos lobos cachorros, me flipan los lobos (por varias razones, tanto que tengo uno tatuado). Y uno es albino. Joder, qué pasada.

Bueno, seguí leyendo y la trama me atrapó. Yo era un crío, pero es que el libro se leía tan fácil que era como estar viendo una serie. Tal cual. Esperaba encontrarme con la escritura dura de Tolkien, pero para nada.

Pasaron tres tardes y llegué al final del libro: el archiconocido momento en el que a Eddard Stark se le va la olla en las escaleras del Septo de Piedra.

No me lo podía creer. Imposible. Sí, Gandalf también moría en Moria, pero era un poco de broma y tú como lector lo sabes. Pero esto…. Joder, se había cargado al protagonista.

Así que me descargué todo lo rápido que pude el segundo: Choque de Reyes.

Lo devoré con ansia. No solo por saber qué pasaba después del adiós del bueno de Ned, sino por saber cómo le iba a Daenerys, una cría con tres dragones, a Rob, un crío de 14 años recién coronado Rey en el Norte y a Jon Nieve, mi personaje favorito (en las novelas solo, eh) y con el que más identificado me sentía.

Para cuando llegué a la última página, tenía claro que el siguiente quería leerlo en papel y llevármelo a todas partes.

Así que fui a la FNAC de Alicante y pregunté:

– ¿Tienen el tercero de Canción de Hielo y Fuego?

– ¿De qué?

– De… Tormenta de Espadas, se llama. Es que no lo encuentro.

– A ver que lo busque… Madre mía. Si eso está descatalogadísimo. No lo vas a encontrar, seguro.

– Gracias.

Pagué mi manga y mi libro y me fui cabreado como una mona. Así que me descargué este, me lo leí y me descargué también Festín de Cuervos y me lo leí.

Y ahí me paré, porque el quinto todavía no se había publicado.

Un par de años más tarde, leí por ahí que se estaba preparando una serie de esta saga. Y yo más contento que unas pascuas. Si habían podido con El Señor de los Anillos, de sobra podrían con esto.

Seguí de cerca las noticias, hasta que un día pude ver online el primer episodio de la primera temporada.

Los actores, excepto Tyrion, Ned y Bran, no me convencieron en absoluto. Eran demasiado mayores y diferentes a las novelas. ¡Pero me dio igual!

Todo era impecable. La producción, los trajes, las armaduras. Tenía miedo de que se notara el cartón piedra, pero que va. Estaba todo muy bien. Y lo de que los personajes fueran diferentes… bueno, se trataba de una adaptación. Era muy difícil hacerlo mejor.

Aunque eso sí, y es mi humilde opinión… ¿en serio no había nadie mejor en el casting para dos personajes tan importantes como Jon Nieve y Daenerys? ¿En serio? Ella al menos sabe actuar, pero el otro… En fin. Como digo, solo es mi opinión. Totalmente subjetiva.

Al contrario me sucedió con Jaime. En el libro es mucho más joven y menos rudo, pero el actor que lo interpreta le aporta unos matices y un carisma que, solo a veces, mejoran al de la novela.

Todo en orden. Seguí viendo la serie encantado.

Me sorprendió muchísimo el boom que tuvo. Con 15 años me costaba imaginar que pudiera acercarme a una chica y confesarle que leía Canción de Hielo y Fuego. Me hubiera mirado con una ceja levantada y habría pensado: pufff, otro friki.

Así que me alegré mucho de que la serie pusiera en primera línea un género tan estupendo y fascinante como la fantasía épica.

Es verdad que la cosa se llenó de hipsters y gente hambrienta de modas, y que Juego de Tronos aparecía hasta en la sopa, tanto que a veces empachaba. Pero eran simples daños colaterales.

Con la serie ya avanzada, volví a la FNAC a por el quinto libro: Danza de Dragones. No me lo compré, porque me lo regalaron (ella eligió la edición deluxe, regalazo). Y no pude contener una sonrisa al ver el Trono de Hierro en la puerta, todos los libros de la saga en todas las ediciones posibles… ¡Hasta un libro de recetas de Poniente!

Y me alegré también por Gigamesh, la editorial que lo publica en España. No sé cómo les iría antes, pero gracias al boom de la serie han podido demostrar su acierto con la fantasía y la ciencia ficción.

Ahora, en mi biblioteca están las 5 novelas en edición deluxe, los cuentos de Duncan y Egg, la enciclopedia de Mundo de Hielo y Fuego, y la precuela Fuego y Sangre.

La serie ya está emitiendo su última temporada, y aunque hace tiempo que dejó de interesarme (la veo porque merece la pena, pero ya no me toca la fibra como al principio) me alegro de que haya existido, al menos para demostrar que la fantasía épica es un género apasionante que nada tiene que envidiar a ningún otro.

Mientras dejo que se acumulen los capítulos de la última temporada para verlos de un tirón (y lucho contra los spoilers), tengo que recomendarte que leas los libros si todavía no lo has hecho.

La serie está muy bien, sobre todo las primeras temporadas. Pero la historia y las batallas que se cuentan en las novelas no tiene parangón. Si te quedas con ganas de más tras el final de la serie, muerde los libros y verás como su sabor es exquisito.

Y yo, bueno, pues a esperar a que el bueno de George saque el sexto, Vientos de Invierno. Ha pasado tanto tiempo que al final me va a parecer todo un sueño de primavera.

Eso sí, estoy seguro que la espera valdrá la pena.