Diario de un escritor: la canción de Tristán

“Es como una canción de Radiohead, una película de Godard y un cuadro de Caspar: todo bien mezclado e inyectado en vena con una jeringa de papel impreso.”

 

 La canción de Tristán (así llamo cariñosamente a La Balada del Infinito) no es moco de pavo. Se trata de mi escrito más personal hasta la fecha. Y no sólo eso. También supone un punto de inflexión en mi carrera como escritor.

Vamos por partes.

Dale al stop, rebobina un poco y ahí me tienes con Ámbar recién publicada. No le tenía ninguna fe a esa novela. Abusé de la ficción. Creé unos personajes muy cinematográficos y una trama digna del blockbuster de turno. Ojo, a día de hoy sigo pensando que es una buena novela, y si el autor fuera anglosajón y la viéramos en la sección de Ciencia Ficción de la Fnac no nos chocaría para nada.

El caso es que yo disfruté de su escritura, pero seguía sin haber dado en el clavo. Admito que soy una persona bastante condicionada por las emociones, de ese tipo de gente que se para a observar un atardecer porque sí. Lidio con mis sentimientos contradictorios como un árbitro en un combate de boxeo. Siempre creí que eso me hacía débil, que se trataba de una tara. Y aunque quería expresar eso mismo en mis novelas, tenía miedo de mostrar demasiado. Al final siempre reculaba. “Hey, mete fuegos artificiales, así nadie se fijará en toda esa turra existencialista”. Eso hice en Ámbar, y me pasé de frenada.

Un dato curioso: La Mariposa Magnética se publicó en 2013, La Crónica del Cero Absoluto en 2014, Ámbar en 2015 y… La Balada del Infinito en 2018. Son tres años y no es casualidad. Tenía casi veinte con mi primera obra. Ahora rozo la treintena. La perspectiva es muy diferente. Mucho más rica y madura, también más agria, menos inocente.

Durante esos tres años de parón (en realidad dos y pico, pues terminé la novela a finales de 2017), mi vida sufrió algunos cambios importantes y mientras yo andaba de acá para allá rumiando la idea de mi próximo libro. El enano de mi cerebro murmuraba sin parar a la vez que yo diseñaba campañas de comunicación, un congreso internacional, proyectos… Silbaba la canción de Tristán. Y me gustaba como sonaba la melodía.

Todavía me daba un poco de miedo eso de volver a escribir. No buscaba únicamente una buena novela, quería dar en el clavo. Si iba a implicarme de nuevo sería para contar realmente lo que quería contar, expresarme artísticamente y no esconderme en tramas peliculeras.

Se me ocurrió la idea de un grupo de música. Narrar su formación, su ascenso y disolución. En medio de todo eso estaría Tristán, el protagonista de la historia. Con su voz podría describir el mundo tal como yo lo veía.

Y vaya si lo hice.

En apenas unos meses escribí cuatrocientas páginas contando la vida de este tipo de mirada triste y sonrisa forzada. El argumento terminó siendo bastante diferente al que en un principio diseñé, pero la esencia estaba ahí.

¡Por fin! Ya lo tenía. Fui capaz de crear esa novela que siempre había querido escribir. Mi tono quedaba consolidado, las formas, el estilo. El Universo entero se asentó en las calles de Villaquietud, en el Submundo.

Hay mucho de mí en esta obra. Me desnudé bastante para empatizar con sus personajes y paisajes, y es que era así como debía ser. Con el borrador impreso, supe que tenía entre manos el primer paso en mi carrera como escritor profesional. Todo lo anterior había sido ensayo y error, formación. Ahora ya no. Esta obra suponía encontrarme un poco más cerca de poder vivir de escribir.

Y en ello estoy.

Tras recibir varias respuestas seguidas con el mensaje “nos interesa la obra pero tiene usted un perfil demasiado joven para el mercado” (sí, yo también lo flipé) tuve una reunión en Valencia con una joven editorial: Sargantana. Se habían interesado por la novela y querían apostar fuerte en el mercado nacional (y poner una patita en el europeo). Así que volvimos a quedar para firmar el contrato y empezó, tal cual, mi historia como escritor.

Al principio albergué cierto temor. ¿Y si esta gente no hacía nada con la novela? No era la primera vez que me pasaba… ¡Qué va! Se lo curraron muchísimo. El teléfono y el correo siempre sonaban. Me preguntaron acerca del diseño, la comunicación, el estilo, la corrección ortográfica, etc. ¡Y todavía no había salido al mercado!

La novela se publicó a finales de marzo de este año, y desde entonces no he parado. Firmas por toda España, presentaciones, eventos, ferias… La canción de Tristán puede escucharse desde cualquier estantería, en cualquier librería, grande o pequeña. Unos cracks estos de Sargantana.

Ahora, mientras sigue la gira de La Balada del Infinito, estoy inmerso en lo que será mi siguiente obra. Quiero aprovechar las vacaciones de agosto para darle un buen empujón y tenerla lista para finales de 2018. ¡Ojalá!

Como ves, el truco está en no parar. En avanzar. Un pie, luego otro. Sin prisa. Silbando una canción. Tu canción.

 Si quieres saber algo acerca de la obra o si quieres compartir conmigo cualquier cosa puedes enviarme un correo o escribirme en los comentarios.

¡Disfruta de las vacaciones! Y lee tanto como puedas, yo intentaré hacer lo mismo.

Gracias por haber llegado hasta aquí en la historia del Universo. Quédate. Te seguiré contando…

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