Diario de un escritor I

«Mi primer contacto con el Universo»

 

Te vas a reír, pero la verdad es que siempre he querido ser escritor. Suena tanto a cliché que es inevitable soltar unas risas. ¿Qué le voy a hacer? Cuando no era más que un crío ya me encantaba crear historias. Un chiquillo con un palo en doscientas mil dimensiones paralelas. Vi tantos planetas entremezclados, nutriéndose unos de otros, tantas aventuras, tantos monstruos y seres extraños que terminé por crear mi propio Universo. Y ahí sí que se estaba a gusto. Vaya.

 

Todo cuanto mis ojos recolectaban, colores, sombras, situaciones cotidianas… todo iba a parar a mi Universo. Ese lugar era un vórtice caótico que absorbía la materia. Ya te digo, ahí cabía de todo. Dragones, seres eternos, monstruos, ciborgs, ninjas, naves espaciales, reinos caídos en desgracia, oscuridad, luz, penumbra, guerreros, paladines, muertos vivientes, viajes espacio-temporales, batallas épicas, meteoros, dioses…  Ese Universo era inabarcable.

 

Así emergió el primer tallo de mi vena escritora.

 

Desde bien pequeño, todos los fines de semana iba con mis padres a una casa de campo. Ese era el espacio donde se desarrollaban mis quimeras, ahí se desplegaba el Universo que yo creaba. Crecí deseando que fuera sábado para poder ir a aquella casa y vivir otra aventura. La cosa funcionaba así: de lunes a viernes yo escribía en una libreta (normalmente de alguna asignatura del colegio) un nuevo capítulo en la historia del Universo; cuando llegaba el fin de semana interpretaba lo escrito. Se podría decir que entresemana era guionista y el fin de semana productor, director y actor. Por supuesto, esta es una metáfora del Cristian de hoy, pues ese crío tan sólo jugaba. Escritura e interpretación formaban parte del juego, un juego que al final siempre terminaba con alguna batalla colosal.

 

¿Sabes qué es lo mejor? Esa casa de campo que tantos buenos ratos me dio de niño ahora es el lugar donde resido con mi mujer. Hoy parece más pequeña, no infinita como ayer. Sus árboles no son tan altos. Las montañas no están tan lejos. La ciudad no queda a la otra punta del mapa, si acaso a diez minutos en coche. Con todo, esta casa sigue siendo el núcleo de mi Universo. Aquí se despliega, aquí se desarrolla. Aunque ahora ese Universo es totalmente distinto.

 

¿Por qué te cuento todo esto? Porque estoy seguro, al cien por cien, de que esta historia no es original. Estoy convencido de que a ti, si te gusta escribir, te pasaba algo parecido. Quizá no hubiera casa de campo, o dragones, o tantas otras cosas. Pero me apuesto lo que quieras a que lo demás era igual. Una personita de pocos años entusiasmada con las historias, ¿verdad?

 

Yo voy a seguir contándote mi trayectoria como escritor por aquí. Mi historia es cuanto puedo ofrecerte. Y espero que esa historia te sirva para tu empeño en escribir, o que te ilusione, o que te entretenga, simplemente. Quiero compartirlo contigo.

Entra aquí. Pide un café (o lo que te apetezca). Siéntate cerca.

Bienvenido al Universo.

 

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