De qué hablo cuando hablo de Murakami

«No quiero que entiendan mis metáforas ni el simbolismo de la obra, quiero que se sientan como en los buenos conciertos de jazz, cuando los pies no pueden parar de moverse bajo las butacas marcando el ritmo.»

Haruki Murakami

 

 Mi relación con Murakami surgió tras un flechazo. Por aquel entonces yo todavía estaba en la universidad, segundo o tercero, no recuerdo. Mi vocación de escritor se reducía a llenar libretas con historias emborronadas y a escribir un guión tras otro, de calidad regulera en el mejor de los casos.

Como ya te conté en el post DIARIO DE UN ESCRITOR V, el Cristian de esa época todavía no tenía muy claro qué hacer con esa vena creativa que palpitaba de manera cada vez más intensa. A esas alturas ya tenía un hábito lector importante y estaba en la fase de buscar nuevos estímulos literarios, nuevos sabores. Dentro de mi cabeza sonaba una tenue letanía a la que yo no hacía mucho caso, pues murmuraba algo sobre escribir una novela. ¿Una novela? ¿Yo? ¡Si ni siquiera me había salido barba! Era un crío con tino para la creatividad, poco más. No me veía como un escritor.

Seguí devorando cuanto caía en mis manos. Me convertí en el monstruo de las galletas, pero con libros. ¡Ñam! Creía que sólo así calmaría la sombra amorfa que latía dentro de mí y que, por supuesto, yo no lograba identificar.

En una de esas, la chica con la que salía (hoy en día mi compañera en todo) me regaló un libro que le había llamado la atención por el título: El fin del mundo y un despiadado País de las Maravillas. El autor tenía un nombre japonés que a ella le hacía gracia. A mí ni me sonaba, la verdad.

El mismo día que cayó en mis manos empecé a leerlo. No tenía demasiada fe, sinceramente. Siempre he sido muy fan de la cultura japonesa, pero a la hora de leer me identificaba más con autores occidentales. Supongo que por las similitudes del contexto social. Los asiáticos me parecían muy exagerados, defensores a ultranza de la hipérbole. Venga, era un regalo, había que darle una oportunidad y…

…me duró tres días. Nunca en toda mi vida, ni antes, ni después (al menos de momento), un libro me ha atrapado tanto. Fue una experiencia increíble. Me sentí madurar artísticamente a pasos agigantados. ¡Ahí estaba todo! Este japonés lograba que el mero hecho de ir a por el pan fuera un acto filosófico y poético, y eso con un lenguaje sencillísimo, frases cortas y claridad de texto.

¡Era lo que había estado buscando!

Creo que uno de los motivos por los que no me había lanzado a escribir todavía una novela derivaba del miedo. Por norma general, las novelas son historias en las que suceden muchas cosas y suelen tener una estructura de introducción, nudo y desenlace. Sin embargo, yo no quería contar nada extraordinario ni demasiado dinámico. Mi línea era la cotidianeidad, las vicisitudes del día a día, la realidad fundida por los rincones, el porqué de levantarse por las mañanas, un atardecer, un cigarro, una canción… Y estaba convencido de que todas esas “tonterías” no daban para una novela, ni por asomo.

De pronto, abro un libro y me encuentro con que el colega Murakami ya lo ha hecho, de una forma bellísima, contundente y adictiva. Y oigo de nuevo la voz, esa que dice que escriba yo también algo. Me pilla con Tokio Blues en las manos. Tomo una decisión. Decido hacer caso a ese murmullo y al pálpito sin forma que late dentro de mí. PUM-PUM. Comienzo a escribir…

Podría decir que hoy soy escritor gracias a Murakami. Tal vez, hubiera llegado a este punto igualmente tarde o temprano, no lo sé. El caso es que tomé la decisión tras leerle a él. Y aquí estamos.

Estas son, para mí, sus mejores obras:

 

1- El fin del mundo y un despiadado País de las Maravillas 

“En lo más profundo de la conciencia, todos tenemos una especie de núcleo, inaccesible para nosotros mismos. En mi caso, es una ciudad.”

 

 

 

 

 

 

2- Kafka en la orilla  

“Y cuando la tormenta de arena haya pasado, tú no comprenderás cómo has logrado cruzarla con vida. ¡No! Ni siquiera estarás seguro de que la tormenta haya cesado de verdad. Pero una cosa sí quedará clara. Y es que la persona que surja de la tormenta no será la misma persona que penetró en ella»

 

 

 

 

3- 1Q84 

“Prefería el café caliente y cargado, como los demonios de medianoche.”

 

 

 

 

 

 

 

4– Tokio Blues 

«Hay un pozo muy hondo por alguna parte. Pero nadie sabe encontrarlo. Si alguien se cae dentro, está perdido.»

 

 

 

 

 

 

 

5– Los años de peregrinación del chico sin color 

“Es el dolor lo que genera la introspección. No la edad, y mucho menos la barba.” 

 

 

 

 

 

 

 

6– After Dark 

“¿Y qué valor tiene una civilización incapaz de hacerle a uno las tostadas tal y como las pide?”

 

 

 

 

 

 

 

BONUS TRACK:

Además de sus novelas, Murakami tiene un par de libros muy interesantes. Si escribes o quieres escribir te recomiendo que los leas, pues ese es el eje de estos ensayos: la escritura.

 

7- De qué hablo cuando hablo de correr  

“Nunca he podido soportar que me obliguen a hacer lo que no quiero y cuando no quiero. En cambio, si me permiten hacer lo que quiero, cuando quiero y del modo que quiero, lo hago con un empeño superior a la media.”

 

 

 

 

 

 

8– De qué hablo cuando hablo de escribir 

“De no haber sido por los libros estoy seguro de que mi vida habría sido más gris, deprimente incluso, apática. Leer fue una gran escuela, ese lugar construido especialmente por y para mí, donde aprendí muchas cosas importantes de la vida.”

 

 

Espero que hayas disfrutado con esta recomendación. Ya sabes, si quieres que amplíe la información, o quieres contarme cualquier cosa, puedes usar los comentarios o escribirme un mail al correo.

¡Nos vemos entre libros!

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