Construyendo tu novela: empezando a escribir

“Cuando me preguntan: ¿Cómo escribir? Siempre respondo: una palabra a la vez.”

Stephen King

 

Metiendo las manos en harina

 A estas alturas, ya estamos más que listos para empezar a teclear. Los preparativos están listos. Se ha planteado la idea, la estructura, los personajes… Es el momento de sentarte frente al ordenador y comenzar a escribir tu novela. 

 

Primera frase

 Esta tal vez sea la premisa más universal a la hora de comenzar a escribir una novela: la primera frase debe de ser tan contundente como un puñetazo en el estómago. 

 Cuando un lector abre un libro y se enfrenta a la primera línea de la primera página se establece un pulso en el que, si el lector no es seducido, su interés va decayendo de manera irreversible. 

¿Qué se puede considerar una buena apertura? Vamos a ver algunos ejemplos:

 

Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé. 

El Extranjero, Albert Camus

 

Si vas a leer esto, no te preocupes. Al cabo de un par de páginas ya no querrás estar aquí. Así que olvídalo. Aléjate. Lárgate mientras sigas entero. Sálvate. 

Asfixia, Palahniuk 

 

Al día siguiente no murió nadie.

Las intermitencias de la muerte, José Saramago

 

El hombre de negro huía a través del desierto y el pistolero iba en pos de él.

La Torre Oscura I: El pistolero, Stephen King

 

 Como ves, la primera frase de una novela debe ser un gancho para cautivar al lector. Una especie de virus que infecte su mente planteándole cuestiones, suscitándole interés ante el misterio de lo que va a suceder. La vacuna serán las siguientes páginas, y tendrá que leerlas si quiere curarse. 

 La primera frase es la invitación que mandas al lector para que se adentre en tu obra. Una vez esté dentro, no permitas que escape, atrápale. 

 Comienza de forma directa y breve. Podrás lucirte más adelante, pero ahora sé conciso y contundente. Lanza el arpón. No des demasiada información. Aún no. Tan sólo haz saber al lector que vienen curvas. 

 Empieza con algo interesante, que despierte curiosidad, que mantenga al lector expectante. 

 

 

Calienta siempre antes 

 Calienta siempre antes de sentarte a escribir. No los músculos, claro. Me refiero a tu cerebro, a tu mente. 

 Algo que yo hago siempre antes de empezar a escribir cada día es leer un poco previamente. Dos, tres hojas, un capítulo entero. Tanto da. La cosa es poner en marcha los engranajes de mi cabeza para disminuir el esfuerzo de enfrentarme a la página en blanco. 

 Pasar de cero a cien no es recomendable. No te lances directamente, pues todos los días no son fiesta. Habrá veces que la jugada te salga bien y escribas algo decente, pero otras te frustrarás por no ser capaz de sacar nada en claro. Y esa es una sensación horrible que puede hacerte abandonar tu proyecto. 

 Hazme caso. El truco va así: coge una novela que te estés leyendo en ese momento, ábrela y lee un poco. Desentumece tu mente. Cambia el chip. Activa el modo novelista. Y después enfréntate a la hoja en blanco. 

 Puede parecer una tontería, pero este recurso a mí me funciona y por eso te lo recomiendo. Ahora ya se ha convertido en un hábito y no podría lanzarme a escribir sin antes darle algo para leer a mi cerebro. 

 

 

 Método Cinematográfico

 Este es el método que yo utilizo para ir escribiendo una novela.

Básicamente, consiste en escribir un capítulo al día. Normalmente capítulos cortos que casi podrían compararse con secuencias de una película, incluso con episodios de una serie.

Tanto es así, que hasta en el final de cada capítulo suelo colocar sutilmente una suerte de cliffhanger para que el lector se quede con ganas de leer el siguiente, como sucede con las series de la televisión. 

 Por eso llamo a este proceso Método Cinematográfico, porque se sirve de las mismas herramientas que el cine para mantener en alza el interés del lector.

Además, el hecho de que los capítulos sean cortos otorga al lector una sensación de progresión muy similar a la que se tiene al ver una serie, y le permite avanzar cómodamente. 

 ¿Has leído alguna vez una novela en la que los capítulos eran muy largos y has tenido que colocar el marca páginas en mitad de la acción?

Al retomar la lectura el día siguiente, toca hacer un esfuerzo para retomar el hilo y situarnos en la trama. En cambio, al leer capítulos cortos, siempre se mantiene el interés, el lector siente que avanza, que no se enfanga, agradeciendo los descansos. Sus ganas de saber qué va a suceder a continuación irán en aumento tras finalizar cada capítulo. 

 Es importante remarcar que esto es lo que a mí me funciona, tal vez debido a mi formación como guionista. Como lector me sucede igual, agradezco poder leer capítulos de una sentada y no tener que cortar la acción a medias. 

 Cuenta tu historia en capítulos cortos que motiven al lector a devorar página tras página, como si de episodios de una serie de televisión se tratase. 

 

 

Crisis existencial

 Un día te levantarás, te mirarás en el espejo y pensarás: esto no se me da bien, no valgo.

¿Por qué? Todo iba bien. Los capítulos avanzaban, el texto surgía con facilidad y de pronto… ¡puf! Parece que se te ha olvidado escribir y es como si tu imaginación tuviera cadenas y no pudiera moverse libremente. 

 Créeme cuando te digo que esto le sucede, con más frecuencia de la que imaginas, a todas las personas que escriben.

Es más, me atrevería a decir que esto es algo que le sucede a cualquier persona que se vea inmersa en un proceso creativo, sea del tipo que sea. Y mira, ahí siguen. Al pie del cañón, día tras día.

 A mí me ocurre a menudo.

Sentir que tengo mi historia bajo control, que soy imparable, que no habrá bloqueo capaz de vencerme. Y después chocarme contra un muro invisible quedando con cara de bobo, boqueando como un pez fuera del agua.

¿Qué ha pasado? Sinceramente, no lo sé. Supongo que somos seres demasiado complejos y que no podemos esperar funcionar todos los días igual, como autómatas programados. 

 Con todo esto quiero expresarte una idea: tranquilízate, sigues valiendo para esto.

Te prometo que este bloqueo extraño pasará, y que, al día siguiente, cuando te sientes a escribir, incluso te sorprenderá ver que el problema en realidad era del tamaño de un guisante y no del de la Luna. Tu imaginación estará intacta y tus ganas de escribir también. 

 Date tregua y permítete alguna rendición de vez en cuando. No fuerces si la cosa no marcha. Tira de lectura, de cine o de paseos. Verás como todo vuelve a la normalidad en breve. La tormenta morirá en el mar y tú volverás a funcionar. 

 

 

Revisa, revisa, revisa

Cuando termino de escribir un capítulo me detengo, cierro el chiringuito. No me fijo en nada. Ni comas, ni puntos, ni acentos, adjetivos, conceptos… nada. Se ha acabado. Guardo el documento y hasta mañana. Lo dejo reposar. 

 Al día siguiente, después de leer un poquito, lo primero que hago es repasar el capítulo que escribí el día anterior. Y ahí voy fijándome en todo.

¿Está bien la ortografía? ¿Se entiende lo que quiero decir? ¿Los diálogos son buenos? ¿Cómo podría explicarlo mejor? ¿Está el texto en el punto justo entre calidad literaria, técnica y entretenimiento? 

 No tengas miedo de podar tu texto. Es necesario para mantener la coherencia, el estilo y la calidad. Y la herramienta para hacerlo es revisándolo una primera vez, de capítulo en capítulo. 

 La segunda vez viene al terminar la obra.

Ahí es preciso darle un buen repaso al conjunto. Mira, sin ir más lejos, cuando terminé La Balada del Infinito el manuscrito constaba de 500 páginas a ordenador.

Tras hacer una revisión de la obra en su conjunto, el resultado fue de 400 páginas. No toqué el argumento, tampoco quité ninguna escena.

Simplemente reduje adjetivos, frases que no me acababan de gustar, conceptos que, aunque creía que eran buenos, enmarañaban la lectura… Virutas de la escritura.

La novela salió ganando en calidad y pude presentarla a las editoriales orgulloso del producto final. 

 Revisa, revisa y revisa. Si a ti no te convence, mal asunto. Léelo, vuélvelo a leer. Añade, quita, pon. Y no tengas miedo de hacer criba. Es mucho mejor tener una novela de 150 páginas entretenidas y disfrutables que 600 de algo reiterativo, redundante y aburrido. 

 Piensa en los tres pilares fundamentales a la hora de revisar: ortografía, estilo y coherencia.

 

 Con todo esto ya puedes darle a la tecla y comenzar a darle forma a esa novela que llevas dentro y que más pronto que tarde terminará publicándose.

Espero que mi experiencia te sea de utilidad. Si quieres comentarme cualquier cosa o preguntarme acerca de algo en particular no dudes en contactar conmigo a través de los comentarios o del correo electrónico.

¡Escribe, escribe, escribe!

En el próximo post veremos las diferentes posibilidades de edición para tu obra.

¡Nos vemos entre libros!

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